Las letras estaban esquivas mientras la noche izaba alto su luna.
Reinaba el silencio cuando quise pedirle al cielo que me mostrara tu nombre pintado de estrellas. Bastó acercar mi mano al valle en donde late mi corazón y la magia nocturna sacó debajo de su manto negro tus once letras en un destello certero.
Sonaron como un chasquido envolviendo mi cintura y subiendo por mi pecho te enredaste en este pedazo de vida que guardo en mi nuca y solo late para ti.
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