La ceguera de tus manos volvía muda mi mirada.
El camino se teñía de amarillo espeso y el silencio buscaba algún espejo en donde poderse ver.
Sonaban lejanas campanas que opacaban los pocos trinos de mi corazón.
Trajiste la sequía, la duda y la mentira, y en un segundo eterno que volvió más elástica la vida tu miedo levantó vuelo y rugió en el cielo partiendo mi última sonrisa en dos.
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