
Ya no eres ese libro abierto, pero dejas que entre en casa y abres de par en par los poros libres de tu piel.
Puedo vagar, y en las noches claras seguir la tinta del deseo que habla por ti.
Recorremos inquietos los ríos que inventamos ayer. Me lees el futuro, te leo el después.
Se ha hecho largo el camino a tu santuario, me dejas recorrerlo sola pero me acompañan y escoltan tus más sonoros miedos.
Tu fiel lectora ya ha llegado a Alejandría. No puedes entregarme un prólogo seguido de una nada.
Quiero con mis ojos, abiertos o cerrados, recorrer poco a poco el índice entero de tu corazón.. ©fdL 2011
©MN 2011

