Vino el vértigo con el lienzo virgen, y el primer trazo de azul cobalto irrumpió sin anuncio llenando de sensualidad la mañana que pintaba serena.
Fuiste el rayo de sol, inclemente, perpendicular en mi brújula que buscaba el norte a ciegas sin mirar el mar.
Peinaste dunas y médanos buscando el agua dulce que dejara atrás la sequía.
Soltaste el ancla en el fondo de mi alma que hacía días no dormía esperando el viento del sur que trajera letras nuevas, sonrisas viejas y tus manos sabias que saben siempre en dónde queda el centro de mi corazón.
©fdL2010


