Flotaba tu promesa en mi inconsciencia; incrédula yo, incapaz de darla por cierta.
Un día iré hasta allá, trascenderé mi cuerpo, el mundo y el tiempo, dijiste sereno, una tarde cualquiera.
El día se transformó en noche.
No pude verte, pero sí tu resplandor brillando -sublime- en mi cabecera.
Atónita te sentí en el nudo en donde pulsa la vida, ciega seguí tu cauce y muda bebí de tu piel.


2 comentarios:
Loto, me ha encantado este poema místico...
Un beso enorme!!!
Místico, si! En esas estaba cuando lo escribí. Gracias por tu huella. Beso.
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