domingo, 27 de febrero de 2011

Error


Viviana Cortés tenía cuerpo de sirena; no había manera de saberlo, también tenía alma de bandoneón. Ahogaba sus notas tristes y las disfrazaba en un mar revuelto de sonrisas; escondía todas sus penas en el cuarto de atrás del corazón.

Casi por inercia salía cada día a recorrer la vida; avanzaba despacio, como cuando la brisa sopla las nubes con descuido y sin coordinación. La soledad blindaba sus esperanzas y había sacado por la fuerza el color verde de la paleta con que la gente pinta sonriendo su mejor ilusión.
Pasaban sin sorpresas los almanaques, deslizándose su vida por un camino claro pero sin luz. Un pasado muy grande se imponía en cada despertar, no podía haber presente, mucho menos aire para un futuro que luchaba por sobrevivir.

Era temprano cuando sus fantasmas se colaron por la ventana con el primer rayo de sol de la mañana y sintió como caían nítidos sus errores como fichas blancas de dominó. Peinó su pelo negro mirando, autómata, su imagen en el espejo. Tal vez fue el vacío de sus ojos, dijeron los que nada sabían, o quizás el gesto cansado que recogía su pesar, pero , solo ella supo que al verse desdibujada quiso con ese par de certeros disparos volver atrás, a nadar en esa paz amniótica y despreocupada que ansían las sirenas cuando se pierden en la ciudad.

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viernes, 24 de diciembre de 2010

Cascabel


Llegaste a la hora serena, cuando los quehaceres y los oficios están tomando un respiro.
No sé si te trajo el viento o tú lo trajiste a él.
La luna está alta, menguando, y con media sonrisa mirando al sur.
Aún no has puesto un pie en casa, pero este cascabel tintinea plateado y nítido, anunciando tu llegada.
Espero tu primer beso, promesa simple de un campo de girasol.


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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Verde


La muerte no puede ser de color verde ni llevarse tu nombre ni ninguna de tus siete letras que tanto quiero.
Debería estar muy ocupada revisando guerras y hambrunas, nunca distraída, siempre vigilante. La muerte, escondida tras cualquier cortina o chimenea, debería cansarse esta noche para no verte y dejarte descansar.
Le compraré un laberinto, a la muerte, y la encerraré con candado, para que no encuentre el camino, menos la salida. Hoy el verde no es su color.

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martes, 9 de noviembre de 2010

Azahares


Vino de muy lejos, sin brújula ni bitácora, desde esa distancia dulce que recorre el corazón en un dos por tres.
Trajo azahares, secretos grandes y un cairel limpio de cristal.
No hallaba el lugar en donde acomodarlo todo.
La lluvia se lo había dicho al oído, no esperes mucho que puede haber otro en tu lugar.

Pero a pesar de los años, los días y los minutos, no había reloj, ni luna ni mar que no fueran cómplices del regreso y no hubieran puesto el viento para que soplara a su favor.
Vino de muy lejos, con los ojos cerrados y la piel intacta y las manos colmadas de sedas y caricias.
Dejó sus tesoros, su voz y su coraje.
Acomodó su mirada y vestido de silencio volvió a dar sin miedo el primer paso otra vez.

Nunca se supo si fue magia o destino, pero se abrió la puerta y entró la luz, llenando por fin la vida de los dos.

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martes, 12 de octubre de 2010

Proa


Navego con calma en la proa de mi vida, veo el tiempo pasar, las aves revolotear, la espuma salpicar.
Sale la luna, se esconde el sol.
Me cobija un manto de estrellas, desfila un cardumen de estrellas de mar.
Cuando haya más sal de la que pueda tolerar, esperaré un cambio de viento que infle las velas y cambie el rumbo a cualquier lugar.
Sé que tus ojos estrenarán tormentas y tu rayo limpio me vendrá a iluminar.
Tus manos amplias atarán amarras, y en silencio - cómplice - me dirás donde anclar.

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lunes, 5 de julio de 2010

Tanzania


No he estado en Tanzania, ni visto las nieves del Kilimanjaro. Pero quiero ir.
Imagino el cráter extinto del Ngorongoro, el descenso hasta el gran círculo donde pulsa la especie esperando la señal que dará el instinto para iniciar el regreso, y volver.
No han visto mis ojos el impulso invisible que mueve la migración de las manadas por el Serengeti. Pero he estado en tu mundo salvaje, en el círculo de la danza ancestral que en impares minutos - tramados con fuego - gira al ritmo de tu tambor.
He imaginado tus ojos cuando no estás, y sé que quiero viajar al cráter de tu volcán.

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sábado, 26 de junio de 2010

Volver


Cansado de dar batalla y de algunas guerras injustas vuelves silbando bajito, corazón herido.
Te arropo conmigo en la inmensidad del frío y del cansancio que hecho sombra vuelve tus latidos un compás suave y sereno.
¿A qué nube he de subirte? ¿A cuál arco iris he de treparte? ¿Bajo qué rayo de sol podré calentarte?.
Serpentean las preguntas en la noche y espero la respuesta de tus ojos, aquellos que sonrieron para mi al borde de esa luna que no vimos por estar trenzando instantes traidos del pais lejano del "nunca jamas".


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viernes, 9 de abril de 2010

Verdad

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La tarde era tan clara que arrastraba, traviesa, la luna de la noche anterior.
Nos iba envolviendo sin prisa mientras tus ojos traían collares de recuerdos que colgabas en mi cuello siguiendo el orden del amor.
Entonces, la vida puso a prueba a mi corazón que ya se acostumbraba a latir parejo.
Bastaron tres silencios y una luna muda por testigo para deshacer el nudo que habían apretado los años sin compasión.
Hizo falta que fuera más allá de tu mirada, que llegara a ciegas para tocar la piel de tu corazón.
Al sentir su tibieza salí a tu encuentro definitivo, con el mío en la mano, flojito de tanta verdad.

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domingo, 14 de marzo de 2010

Curvas


Curva tras curva pasaba verde el paisaje cuando la vida sonó sin alarma faltando un instante para ver el sol otra vez.
Tu voz atravesó el pasado sin pestañear y sonó clara y serena queriendo tocar mi corazón.
Se reinventó la vida cuando el destino se desbordó.
Vinieron tus manos a buscar las mías y un ejército de besos nos trajo un mundo nuevo, recién nacido y viejo a la vez.
Siguieron las curvas, una tras otra, tristes perdedoras que no pudieron seguir el ritmo de mi corazón.


©fdL2010

viernes, 19 de febrero de 2010

Cobalto


Vino el vértigo con el lienzo virgen, y el primer trazo de azul cobalto irrumpió sin anuncio llenando de sensualidad la mañana que pintaba serena.
Fuiste el rayo de sol, inclemente, perpendicular en mi brújula que buscaba el norte a ciegas sin mirar el mar.
Peinaste dunas y médanos buscando el agua dulce que dejara atrás la sequía.
Soltaste el ancla en el fondo de mi alma que hacía días no dormía esperando el viento del sur que trajera letras nuevas, sonrisas viejas y tus manos sabias que saben siempre en dónde queda el centro de mi corazón.

©fdL2010