sábado, 27 de septiembre de 2008

Nenufar

Cambié el invierno por el verano... y desde una ciudad austral con calles adoquinadas y adornos navideños trasnochados soy testigo de una sentencia, de una agonía, del adiós de la vida al lado de un lecho de muerte. Con mi corazón en la mano, trato -sin lograrlo- que sirva de puente para que mi padre se aferre a él y suelte el suyo, cansado, agotado y asustado. Me siento impotente ante el ritmo tan personal de la muerte ajena. Me siento triste por el reencuentro y por el adiós. Me siento agotada en la espera. Cierro los ojos tratando de volver a mi mar, o a mi luna, pero se vuelve difícil despegarse ... permanezco estática ajena a los sonidos urbanos de la calle que me llegan desde lejos y entonces recuerdo que mi bicicleta está dentro de mi alma, me subo a ella y es cuando puedo sentir la brisa en el centro en mi cara y los tímidos rayos de sol que me acompañan en las mañanas aparecen mágicos calentando mi corazón.

©fdL2007


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