Te dedico la memoria de mi sangre.
Gota alfa, fuerte y poderosa que rueda por el fondo de mi pecho, lenta, densa e inconclusa, queriendo ser la dueña de la verdad.
Alguna coordenada distraída marcó en silencio la hora de tu semilla sin decírselo a ninguno de los dos.
En los minutos grises y en los instantes dorados mi memoria atávica y atrevida vuela autómata hasta el núcleo claro, aljibe de la vida.
Te vuelves raíz, me vuelvo rama.
Árbol de un solo fruto. Aire eterno de mi corazón.
©MN2011
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