Gotean sin letras tus palabras.
Las recojo en mis manos buscando el peso de tu corazón.
Gota a gota me preguntas, y en eco , gota a gota te contesto.
Se moja la vida de tanto gotear, se sana el espíritu de tanto dar.
En tres minutos, cuatro a lo sumo, se pone el sol.
Lo miro, inmenso e incandescente, un poco a lo lejos, pensando en llevar la cuenta hasta verlo desaparecer.
Entonces, se recorta sobre el cielo buscando ese espacio mojado por donde no dejarse más entrever.
Le veo una sonrisa, un guiño tal vez.
O será la mía cuando te oigo decir “ mañana sale seco otra vez “.
Salpica la vida, a la hora del atardecer.
©fdL2007
Hacía calor.

Sándalo que lleva tu nombre y que empuja mi deseo sólo al toque de tu recuerdo.
Mudo. Persistente. Llegas cuando menos te espero, taladrando la noche con el arte de un orfebre.
No entiendes de fronteras, murallas ni puentes levadizos.
No te pierdes.
Parecieras tener la brújula que te conduce directo allí, en donde nacen mis temores.
Como un manto de terciopelo negro me cubres, te llevas el aire y me envuelves casi asfixiada en los rincones más remotos de mi alma.
Algunos te llaman duda, yo te llamo miedo.
©fdL2007