miércoles, 31 de diciembre de 2008

Quince



Hacía calor.
Pegaban el sol y las tres de la tarde en aquella calle de tierra de una ciudad fronteriza con nombre guaraní.
Caminaba despacio cuando la vi.Gitana, sin tiempo, de negro vestida.
Un par de mechones azabache asomaban laterales en el marco de su cara.
Un trapo de gasa que se confundía con su pelo, amarraba en un nudo tenso sus ideas, conjuros y profecías en la base del cuello ... ahí en donde las mujeres no tenemos secretos.
Giró lentamente para cruzar nuestras miradas.
No recuerdo cómo sus profundos ojos almendrados, sabios como el violeta de su iris, se clavaron en los míos mientras su voz lenta me decía: morirás longeva y vivirás con asombro.
En la tarde más tórrida de un solsticio de verano concebirás a tu primogénito varón, lo parirás sin dolor. El hombre que sostenga tu corazón sin temer a sus latidos, será el que vista lo que tus manos tejan: amor, historia y poesía.

©fdL2007

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