sábado, 13 de diciembre de 2008

Sándalo


Sándalo que lleva tu nombre y que empuja mi deseo sólo al toque de tu recuerdo.
Tal vez como tú, sutil y persistente, es este aroma de madera que cuando sale formando humo ejecuta una danza silenciosa ante mis ojos que te piensan. Y me dice con sus aureolas y sus trazos sobre mi piel, que aún no te has ido.
No existen las murallas. Ni existen los escudos.
Mientras me suspendo un segundo, absorta ante el corazón intermitente que late rojo y nítido en la punta del sahumerio, sé que las puertas están abiertas y cuando una ráfaga de viento las cierra inesperadamente no hay duda ni sorpresa, siempre te devuelves y de la mano de la luz entras con el aplomo que nunca te abandona.
Luego, son sólo miradas. Y después es sólo sándalo.
©fdL2007

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