No puedo hablar con la muerte, porque ella te arrebató de mi camino, entonces hablo con la esperanza y le pregunto si allá estás tan sonriente como te acabo de ver en el recodo del camino.
©fdL2010
©MN2011

Ya no eres ese libro abierto, pero dejas que entre en casa y abres de par en par los poros libres de tu piel.
Te veo caer irreverente, Tres de Copas, sobre este pedazo de vida que hoy amaneció a las seis. Rompes la racha de malos sueños y te burlas de mí.

Viviana Cortés tenía cuerpo de sirena; no había manera de saberlo, también tenía alma de bandoneón. Ahogaba sus notas tristes y las disfrazaba en un mar revuelto de sonrisas; escondía todas sus penas en el cuarto de atrás del corazón.
