
Sentada en la playa con las piernas cruzadas y mirando el mar, me puse a tejer una corona, una canasta, una túnica. Lo que fuera que hilara los tres cabos de tristeza, las cinco lágrimas de congoja, el hilo de silencio interminable y el desespero que aparece súbito, omnipotente y altanero para instalarse a la altura de mi corazón, en ese lado del pecho que ya no visitas porque nunca más volverás.
Recojo en mi regazo el tejido. Lo miro incrédula.
No lo toco, no quiero despertarte. Sé que descansas en paz.
©fdL2007
Recojo en mi regazo el tejido. Lo miro incrédula.
No lo toco, no quiero despertarte. Sé que descansas en paz.
©fdL2007


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