Entonces será la hora de leerte en voz alta, dejar que mi voz lleve la batuta y que llegue despacio a la página diez.
Tú no sabes, pero es allí donde las letras se sublevan insolentes, ignoran impasibles las sorpresas y - obsecuentes - dicen de sesgo : son las tres, hora del ajedrez.
©fdL2007


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